Quiere más libertad..¿se la damos?

 

Hacerse mayor es algo que va acompañado de grandes dosis de deseo, interés y necesidad de independencia. Y así tiene que ser, porque sin esta motivación natural para ir conquistando cada día más sus espacios (“mamá, vamos a cerrar la puerta de mi cuarto para jugar mejor ¿vale?”), sus objetos (“yo me elijo los zapatos”) y sus relaciones (“no quiero ir a casa de la abuela”), no habría desarrollo posible.
Aún con todo, los niños crecen siempre en relación con los demás y con su entorno, por lo que también es natural que seamos sus padres los que valoremos cuándo es el mejor momento para ir “dándole hilo a la cometa” y a través de nuestras respuestas (“creo que todavía no es el momento para hacer esto” o “adelante, inténtalo tu solo”) , atender sus necesidades al tiempo que les guiamos de la mejor forma posible.
Comprender la importancia de la libertad en la vida del niño y la mejor manera de combinarla con unos límites adecuados, es el secreto de una buena educación.
Libertad para aprender.
Para aprender, hay que equivocarse. Y eso significa que no podemos pretender que los pequeños crezcan sin cometer errores, por lo que es importante que recapacitemos y pensemos si en casa vemos las equivocaciones de nuestros hijos como algo natural o como algo que hay que evitar o castigar.
Si nos encontramos en el último supuesto, es probable que estemos dejando poco margen de maniobras a nuestros hijos, es decir, que tengamos la tendencia a privarles de la libertad de hacer ciertas cosas por sí mismos, con el fin de que no se equivoquen (por ejemplo, no permitir que se peinen ellos solos o se laven la cabeza en la ducha-aunque luego nosotros revisemos-, que pasen una tarde en casa de su amiga…).
Sin embargo, si somos capaces de permitir que nuestros hijos vayan avanzando según sus deseos e intereses y  que experimenten las consecuencias naturales de sus “meteduras de pata”, podríamos decir que les estamos proporcionando unos márgenes (o límites) que estimulan su aprendizaje y su desarrollo (“venga, ponte tu los cereales en el plato, si se cae alguno fuera lo recoges y listo.”)
Límites, no limitaciones.
En ocasiones, negamos a nuestros hijos la posibilidad de hacer ciertas cosas por sí mismos porque no nos viene bien a nosotros. Las prisas para cumplir los horarios (muchos papás visten a sus hijos, ya mayorcitos, por las mañanas, porque si lo hicieran ellos no llegarían al cole), el temor de que se hagan daño, una excesiva preocupación por dirigir sus asuntos (por presiones académicas o del entorno), son actitudes habituales en los padres contemporáneos que, con afán de protección, sin darnos cuenta impedimos que se desarrolle esa autonomía que, por otro lado, sabemos que es tan deseable.
De hecho, esperamos que los pequeños hagan ciertas cosas de forma independiente (como dormirse o jugar solos) pero al mismo tiempo, les ponemos trabas cuando son ellos los que muestran cierta iniciativa (“quiero ponerme yo solo la pasta de dientes”, “déjame que le de yo al botón del ascensor”).
Por eso, es importante distinguir entre límites y limitaciones.
LIMITES
LIMITACIONES
Se proponen/ se negocian
Se imponen
El criterio está en función de las relaciones del niño con su entorno.
El criterio está en función de los intereses puntuales del adulto.
Incluyen un margen de acción más o menos amplio.
Impiden la acción.
Los errores se toleran como parte del proceso.
Los errores se castigan.
Salirse de ellos es decisión del niño, quien asume la responsabilidad y las consecuencias derivadas de sus actos.
Salirse de ellas es decisión del niño, pero las consecuencias suelen ser formas artificiales de hacer pagar al pequeño por su error.
Ejemplos
María lleva todo el verano pidiendo escoger su ropa. Hasta este momento, siempre había sido mamá la que preparaba la noche anterior todo lo del día siguiente (ropa, zapatos, mochila..), pero ahora todas las mañanas hay jaleo porque ésta nunca está de acuerdo con lo que mamá ha escogido.
Ante esta situación se puede negociar lo siguiente: para evitar las discusiones por la mañana, María puede escoger su ropa por la noche (y dejar de paso organizada la mochila y los zapatos) y mamá revisar que sus elecciones son adecuadas, dependiendo del sitio al que va a ir (colegio, campo, una fiesta..) y el clima. Si hay que hacer algún cambio, mamá se lo explicará a María (“estas botas de agua no son apropiadas para ir al colegio, porque no va a llover y con ellas no puedes correr en el patio y dan calor”) , para que ésta aprenda a escoger cada día mejor.
Carlos siempre está deseando estar entre los fogones y a la mínima está pidiendo ayudar en la cocina. A sus papás les parece que todavía es muy pequeño para hacer ciertas cosas como manejar cuchillos o estar cerca del fuego.
Los papás de Carlos deben explicarle que la cocina tiene ciertos peligros que todavía es pequeño para manejar, aunque eso no impide que, como cualquier buen cocinero, empiece desde ya su labor como “pinche”. Un buen delantal, un gorro y una mesita de trabajo lo suficientemente alejada del fuego son las condiciones ideales para que Carlos pueda ayudar: pelando, lavando, removiendo, desmenuzando, pesando y separando cantidades.. Eso si, ¡un buen pinche también tiene que ayudar a poner la mesa!
Nerea lleva todo el curso diciendo que no quiere ir a clases extraescolares. A principio de curso escogió con mucha ilusión aprender judo, pero luego se dio cuenta de que no le gustaba tanto como creía y aunque la abuela podría ocuparse de ella por las tardes, a sus papás les parece que hay que ser constantes en las decisiones y no quieren borrarla.
Es cierto que hay que intentar mantener cierta constancia con las rutinas, pero a estas edades muchas veces toman decisiones sin saber realmente lo que implican (Por ejemplo, aprender a tocar la guitarra como Bob Esponja, sin saber que para ello debe pasar muchas horas con el solfeo), por lo que, pasado un tiempo prudencial (“venga, aguanta unas semanas más, a ver si le coges el gustillo”), no pasa nada por admitir que “te equivocaste al pensar que judo te gustaría”. Es interesante analizar, eso si, qué es lo que no le ha gustado de la actividad , para que la experiencia sirva de aprendizaje para futuras elecciones.
Violeta Alcocer para Ser Padres Hoy (copyright).
Ilustración: Cristina Ulloa.